¿Existen límites en el desarrollo de nuevos materiales y superficies? Seguro que sí. Solo que nosotros no los conocemos.
Concebimos y producimos todos los materiales en nuestra casa, pero contamos también con una red de proveedores, de modo que tenemos a nuestra disposición tecnologías que se sitúan fuera de nuestra propia experiencia. Nuestra fuerza reside en pensar con libertad y en no movernos únicamente por los senderos trillados. Lo que nos interesa es hacer realidad las visiones, llevar a forma las imágenes interiores. Para ello no nos orientamos solo a lo que ya hacemos todo el tiempo, sino a lo que es posible.
La manufactura es para nosotros una noción intemporal. No nos atamos ni a las máquinas ni a las cantidades, sino que confiamos en el mejor recurso del que disponemos: el ser humano, con toda su imaginación sin límites y sus posibilidades artesanales, unidas a la maestría técnica que nuestro tiempo pone a nuestro alcance.
Una cosa nos importa. No somos perfectos como las máquinas, ni queremos serlo. Y esto es lo que nos distingue de la producción industrial. Damos lugar al encanto de la imperfección aparente, nacida del trabajo a mano, así como a las particularidades de las materias auténticas. En un mundo alineado por completo con el estándar industrial, esta mirada tiende a perderse — y, sin embargo, justo ahora se vuelve cada vez más importante.
Es un fragmento de cultura que, de otro modo, se perdería.